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Mostrando entradas de noviembre, 2025

ALLÍ

Pasó muchas veces por la puerta de la casa de su infancia sin prestarle demasiada atención. Pero esta vez fue diferente: la estaban demoliendo. Sintió que su pecho se estrujaba, de repente un aluvión de recuerdos la sorprendió: primera casa de infancia que recordaba. Allí fue hija única hasta que nació su hermano. Allí dormía en el sofacama del living porque la casa sólo tenía un dormitorio. Allí se enteró quiénes eran los Reyes Magos porque en tiempos de Navidad el arbolito se armaba al lado del sofacama donde dormía. Allí en ese patio grande con piso de cemento tuvo su primera pileta de lona verde, enorme para ella siendo niña. Allí iban los amigos de la cuadra a tomar un jugo cuando terminaban de hacer travesuras en la vereda. Allí se quedaba paradita al lado de su madre cuando le daban esos terribles ataques de asma, no sabiendo qué hacer ni qué decir. Allí vivió hasta los diez años. Cuando se demuele una casa, quedan los recuerdos, las sensaciones, los olores, ...

MARACAÍPE

Un día ella le dijo a su mamá que renunciaría al trabajo y con sus ahorros se iría por un año a Brasil. Con la crisis del país no le alcanzaba para ir más lejos. Que tenía conocidos en Buzios, que si no lo hacía en ese momento no lo haría más. Con 29 años y muchos sueños, dejó departamento, trabajo, auto que tanto le había costado comprar, familia, sobrino amado, amigas, y partió feliz. No se marchaba porque quisiera huir de la crisis crónica argentina, porque ella ama su país, sino porque siempre quiso viajar, de hecho estaba estudiando Turismo en la universidad. Y que no era por mucho tiempo, “ en un año estoy de vuelta ”. Buzios, Río de Janeiro, él , “ la rosarina y el chaqueño ”, Maceió, Porto de Galinhas. Maracaípe. Proyecto de vida y de pareja, emprendimiento gastronómico creciente. Ella estudió unos años el portugués. ¿Premonitoriamente? También estudió inglés dos años, porque en la secundaria era una negada para el idioma. Sigue negada porque entiende poco, solo cuando ...

MAMUSHKAS

  “ En el espejo de un placar trato de reconocer mi propia imagen ” -         se dice ella, mientras se mira de cuerpo entero. Durante mucho tiempo le costó mirarse al espejo Cargando muchos kilos durante años Rompiendo rodillas. Inició un plan de descenso rápido de peso Y siente que es como quitarse mamushkas Una por una. Disciplina de una atleta de alto rendimiento Comida saludable, restricciones, movimiento, Encontrarse con un cuerpo nuevo Con un bienestar olvidado Tiene el acompañamiento de profesionales y el ejemplo de compañeras que hace tiempo están en la misma, que ya se quitaron las matrioskas de encima.   Se enteró que la palabra rusa mamushka remite a abuela , -         ella que tanto amó a las suyas – Y cada muñeca es una nueva mujer de la familia, De otra generación. ¿Cuántas mujeres carga su cuerpo? Abuelas, madre, tías, prima, hija. Ella está ansi...

AUTOBIOGRAFÍA PARA CONTRATAPA DE LIBRO

He hablado mucho, escuchado menos. Qué pena. De grande escucho más de lo que hablo. Sólo hablo si considero que tengo algo interesante para compartir. He leído mucho y muy variado. Vorazmente. Aprecio que los libros circulen, los dejo partir. He viajado. Me hubiera gustado viajar más, mientras el cuerpo y la economía lo permitan lo seguiré haciendo. He ido mucho al cine. He acompañado a las tecnologías a la hora de disfrutar el séptimo arte. Soy una crítica de cine y series a la que solo siguen sus conocidos y aquellos que respetan mi criterio. He disfrutado de ir al teatro, por lo menos una vez por mes. En Rosario - cuna de la bandera, del fútbol, de Messi, Fito, la trova rosarina - hay mucha oferta local y nacional. También he viajado a Buenos Aires solo para ver teatro. He ido a muchos recitales (de hecho te llevé a tu primer recital de rock cuando tenías 10 años). Me gusta esa masa informe que tiene una sola voz, que se mueve al compás de la música y comparte un solo sent...

LA PIEDAD

Entierro de mi abuela materna. Si uno piensa en un cementerio triste y desolado, ése es La Piedad. Fue el único lugar que se consiguió. Después veríamos de trasladar a la abuela al Salvador, que queda más cerca de casa y es menos deprimente. Después de estar internada unos días en el Güemes por un malestar respiratorio, le dieron el alta. Mi papá, su yerno querido, siempre decía que ese hospital era la antesala de la muerte. Pero es donde le tocaba por PAMI. Cuando llegó a su casa, mi abuela sólo quería que la cuidara yo. Con mi mamá se peleaba mucho. Cira Josefina, así se llamaba, siempre fue una mujer sana, fuerte, activa, laburante, pero en 1999 se murió su hijo menor, con menos de 50 años, de un cáncer de pulmón fulminante. En pocos meses se apagó, desapareció, era un grito de dolor en sus últimos días. Y ella jamás se movió de su lado. Cuando mi tío murió ella decretó: “ Yo ya no vivo más, ahora sobrevivo ”. Se olvidó de su otra hija, de sus nietos y bisnietos, de sus herman...

VERANO VERTICAL

    Era la hora de la siesta. Una siesta espesa. Densa como la miel tibia de un verano sofocante. El aire parecía suspendido. Nadie se movía. Joaquín —solo, inquieto— vagaba entre las sombras del cuartito de herramientas del abuelo Raúl. Cada objeto tenía un brillo antiguo, como si estuviera cubierto por una película de tiempo. Martillos que parecían pesar más que su edad. Pinzas abiertas como mandíbulas dormidas. Cajitas de metal corroído por los años. Tornillos sin destino. Clavos torcidos como gusanos de hierro. Maderas que crujían apenas, como si susurraran entre sí. Y un olor fuerte, terroso, masculino. Olor a hombre. A otro tiempo.   Le dejaban curiosear allí, siempre que no desordenara. Todo tenía su lugar. Todo menos Joaquín. Solo una regla era sagrada: No jugar en la pileta solo. — No se puede nadar después de comer —, había dicho la abuela Julia. Y su voz quedó flotando como una burbuja caliente en la memoria. Balancearse,...

CAMITAS SEPARADAS

Tendría doce años y me resultaba extraño que mis abuelos durmieran en camitas separadas. Vivían en una casa chorizo con habitaciones alineadas como vagones, que desembocaban en un patio amplio, donde la luz caía como un milagro cotidiano y el aire corría con la libertad de los días felices. Eran los dominios de Luis y Angelina, mis abuelos paternos, donde el tiempo parecía haberse detenido justo antes del color. Él siempre estaba malhumorado, era más bien una irritación crónica, como si el solo hecho de existir le molestara. Quisquilloso con los horarios, los ruidos, las visitas y, sobre todo, con el orden de su garaje que aunque no tenia auto –nunca aprendió a manejar -, era su feudo inexpugnable. Allí guardaba tornillos, clavos, frascos con tuercas clasificadas, un banco de trabajo que había improvisado con una puerta vieja y, lo más preciado: un tablero de herramientas que olía a óxido, madera y aceite. A los primos nos fascinaba ese rincón. Entrábamos con la adrenalina del deli...

EL HIJO DEL FERRETERO

—Es el hijo del ferretero —susurraron las voces, como si el aire mismo se negara a pronunciarlo en voz alta. Fue la primera muerte trágica que vi de cerca. Había escuchado de otras, pero jamás había visto un cuerpo tendido tan cerca, en esas condiciones brutales. El accidente fue en Bulevar Seguí y España. La esquina de la heladería Marbet, que años después multiplicaría sus locales, pero entonces era apenas un resguardo de barrio. En aquel entonces —yo tendría catorce años— no había semáforo. Lo pusieron tras el accidente, como si el hierro pudiera aplacar lo irreparable. Recuerdo la frenada: un desgarrón del aire, seguido por un estruendo metálico que viajó dos cuadras, hasta la casa donde estábamos reunidos. Era domingo. El ruido nos arrancó de la mesa; salimos corriendo: yo adelante, detrás mi madre, mi padre, mis tías. La esquina ardía de gente. Voces, sollozos, preguntas inútiles. Y en medio de todo, él, con su cuerpo ofrecido, boca arriba, tendido a la intemperie. El pelo largo,...